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Conocí al Dr. Carlos Álvarez de una manera muy particular, llegue al instituto del Diagnostico  después de haber recibido horas antes, un diagnostico poco alentador, de haber llorado sin saber que hacer frente a la puerta del departamento de trasplantes, con una estampita que me regalo una señora que se acercó y simplemente me la dio…

En vez de golpear esa puerta, me fui sin rumbo y pase por el Instituto del Diagnóstico, recuerdo que me presente en recepción y les dije que quería ver al mejor cardiólogo de la institución y me dijeron que el Dr. Carlos Álvarez estaba atendiendo, así que lo espere y el me atendió. Ni bien lo vi le pregunte si era un buen doctor porque buscaba al mejor, el me conto su experiencia en cardiología y yo le conté mi historia.

A los 14 años me diagnosticaron linfoma de Hodgking, un tipo de cáncer de sangre que me obligo a someterme a un tratamiento de rayos y quimioterapia, el tratamiento duro cerca de un año. En ese momento mi vida cambio de repente, no hablaba de cumpleaños de 15, sino de glóbulos blancos, plaquetas y ganglios alterados. No tenía miedo a morir, pero no quería que eso pasara. Dos años después de aquel diagnóstico, recibí el alta definitiva y a partir de allí el recuerdo de esos terribles años comenzaron a esfumarse

14 años después, en un control de rutina, me detectaron un shunt en el corazón, me explicaron que tenía una circulación eléctrica que debía ablacionarse lo antes posible, porque corría riesgo de muerte súbita. Salí ese día de la consulta con mi papa y le dije  si hay que hacerlo, lo hacemos y me sometí a dicha intervención una semana después, donde no pudieron hacer nada para solucionarlo.

Recuperada del cáncer y conviviendo con un Shunt, se me presento una oportunidad de cambio de trabajo donde en el preocupacional, el cardiólogo hizo una observación y lo comunico a la empresa. La empresa se contacto conmigo, les comente del shunt y me pidieron un informe de mi cardiólogo para adjuntar a mi legajo personal. En ese momento pedí un turno con el electrofisiólogo para que explique mi caso para el ingreso a la empresa, pero en vez de explicar mi caso, me solicito estudios adicionales. Los resultados arrojaron una miocardiopatía dilatada severa, adjudicando la causa a los efectos adversos de la quimioterapia. Aquellos recuerdos esfumados del cáncer, volvían a aparecer

Comencé un tratamiento, pero mis valores empeoraban estudio tras estudio, y llegaron a preguntarme si había escuchado hablar sobre el  INCUCAI ya que posiblemente necesitaría un trasplante de corazón, además de dejarme en claro la imposibilidad de tener hijos, porque mi corazón no resistiría un embarazo.

Fue ese día, que me fui sin rumbo de la consulta y conocí al Dr. Carlos Álvarez. Mi instinto me dijo  él es “tu” doctor y le dije hagamos todo lo que le parezca mejor para mí. Comenzamos con una medicación simple. El doctor me explico que la medicación que iba a dar se utilizaba para la hipertensión y que al no ser hipertensa debíamos ir ajustando la dosis para poder manejarme con una presión por debajo de la normal. Comencé con pequeñas dosis y comenzamos a subir hasta los niveles esperados por el doctor y fue en ese momento que el cuadro comenzó a revertir. Cada estudio mostraba una mejoría constante, pasando de miocardiopatía dilatada severa, a moderada y posteriormente a leve alcanzando valores casi normales. Ante el asombro del ecografista y hasta del mismo doctor mii corazón se había recuperado.  Viví varios años, con controles normales, hablábamos con el doctor de mi vida, mi historia, iba por unas recetas, hacia controles semestrales, todo marchaba sobre ruedas.

Años después, llegaron mis 39 y con ellos un embarazo, un milagro al que me aferre con todas mis fuerzas, porque por la misma medicación contra el cáncer, me habían comunicado tiempo antes, que mi reserva de óvulos era casi nula y que si no había hecho una reserva con anterioridad, difícilmente iba a poder tener hijos. Como era una idea que por varios años había estado barajando, no me afecto, pero el milagro llego meses después, ese bebe me había elegido como su mama, crecía dentro mío y quería intentarlo como sea.

Recuerdo que a la primera persona a la que se lo conté, fue al doctor, entre a su consultorio y le dije estoy embarazada y  quiero tener este bebe, usted piensa que mi corazón resistirá? Nunca me dijo que no, yo sabía que podía ser difícil, pero también sabía que el doctor estaba conmigo para acompañarme y si él no me dijo que no en el preciso  instante que se lo comente,  sabía que él lo creía posible y podíamos intentarlo.

Ese día arrancamos, con un corazón que había estado muy mal, pero recuperado, un camino de 9 meses por recorrer y una meta: llegar como sea como mínimo al séptimo mes.

Los primeros meses transcurrieron con normalidad, los controles del corazón eran normales y todo marchaba sobre ruedas, hasta la semana 31 de gestación donde mi corazón comenzó a acelerarse, las pulsaciones no bajaban de 150 por minuto en reposo, me sentía agotada, y comenzaba a retener líquido,  días después rompí bolsa.

Los cardiólogos de la clínica donde atendía el obstetra debatían que hacer, sabían que tenían que estabilizarme pero también sabían que debían madurar los pulmones del bebe y había que esperar al menos 24hs. El Dr Carlos Álvarez se mantenía en interconsulta con quienes en ese momento me atendían. Era una cesaría de emergencia, donde no sabían si resistiría la anestesia, pero ante todos los pronósticos adversos y habiendo tenido que compensarme en la sala de partos, logre tener a mi bebe, un hermoso varón de 1.790 completamente sano. El fue rápidamente llevado a neonatología y yo a terapia intensiva.

Mi corazón no se recuperaba, continuaba desorientado como si continuara embarazada, tras  días en terapia donde mi marido dormía en el piso de la habitación e intercalaba su tiempo con neonatología, lograron estabilizarme y me reencontré con mi bebe, estábamos los dos a salvo, el milagro se había realizado. Cumplidas las 36 semanas nos dieron el alta y volvimos felices a casa. Los estudios del corazón estaban bien y todo parecía volver a la normalidad.

A los cuatro meses de mi hijo comencé a sentirme cansada por demás, sinceramente no tenía fuerzas, pero tampoco dormía mucho, por él bebe. En ese momento recordé como me sentía cuando mi corazón no funcionaba bien y  sospeche que podía ser la causa de mi agotamiento físico, me asuste, y ese mismo día a las 23hs deje al bebe al cuidado de su papa para no llevarlo al hospital y me fui sola a una guardia cardiológica, allí me hicieron varios estudios y una ecografía confirmaba el peor diagnóstico, me preguntaron con quien había ido, que debía quedar internada, mi corazon no estaba funcionando bien.

Ingrese a terapia intensiva esa misma noche, mi corazón en tres meses había vuelto a deteriorarse, los números nunca habían estado tan mal, había alcanzado el registro más bajo, comparado con los anteriores, apenas si bombeaba sangre estaba muy agrandado y tenía mucho líquido, tras días en terapia intensiva sin mejoría,  reunieron a mi familia y les comunicaron que  necesitaria un trasplante de corazón. Yo solo repetía que llamaran a mi doctor,  que hablaran con él, que él iba a saber qué hacer,  por falta de cama estaba internada en otra institución. No quería morir, tenía un bebe por el cual pelear y no confiaba en lo que decían o simplemente no quería creer lo que escuchaba, porque ya había estado en una situación similar anteriormente

Llamaron  al doctor  Dr Álvarez  quien trabajo en conjunto con los cardiólogos  de esa institución, hasta que lograron una mejoría. Esta vez mi corazón había manifestado una miocardiopatía periparto. Tras varios días en terapia intensiva volví a casa y comenzamos con el doctor Álvarez un nuevo camino de recuperación, como ya lo habíamos hecho antes, volvimos a empezar

Mi única tranquilidad era que si algo malo llegaba a pasarme, Maty tenía a su papa, una excelente persona que haría cualquier por ambos, y toda mi familia que me acompaño siempre, mis papas, hermanas, cuñados y toda su familia..

3 años después, a mis 42 y los 3 de mi hijo, su papa  falleció de muerte súbita, su corazón fallo,  tras 45 minutos de maniobras de reanimación no pudieron hacer nada. Sus estudios, 13 días antes de su muerte, realizados en una reconocida institución cardiológica, arrojaban un informe sin observaciones. Concurrí al doctor a mostrarle los estudios que logre retirar, ya que él me había comentado que estaban ok y no los había retirado. Mientras el Dr. leía, sus ojos se llenaban de lágrimas, una técnica ecografista no detecto una arritmia, le dijo a mi marido que todo estaba ok Si le hubiese advertido, hoy probablemente estaría con vida. Fue uno de los golpes más duros de mi vida. En ese momento parte de mí se fue con él,  y con su partida, el regreso en mí de esa necesidad de seguir recuperándome como sea por nuestro hijo.

Hoy con 43 años, hemos logrado nuevamente valores normales

Mi agradecimiento al Doctor es eterna,  siempre  presente en mis pensamientos como el  héroe que salvo mi vida varias veces y quien me acompaño en los peores momentos, dándome  fuerzas, confianza, esperanza y la seguridad de que todo iba a estar bien y así fue.

¡Muchas gracias de todo corazón!

María S.