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Publicaciones recientes han demostrado que la enfermedad aterosclerótica ya existía en civilizaciones antiguas como la egipcia y la china, y no es una exclusividad de la moderna era tecnológica.
Se ha podido demostrar en la momia del faraón Ramsés II, como evidencia de enfermedad ateroesclerótica, la calcificación de las arterias de las piernas a la altura de las rodillas.

Una publicación realizada por un cardiólogo chino develó que una mujer noble de 50 años fallecida 2100 años atrás, presentó una oclusión completa de la arteria coronaria derecha anterior, lo cual le provocó un infarto de miocardio y posteriormente la muerte.

Resulta interesante la presunción de los factores de riesgo coronario hallados. En primer término, era casi con seguridad menopáusica, ligeramente obesa, lo que hacía inferir un hábito sedentario. Por otro lado, lo que fue más llamativo fue la existencia en su esófago y estómago de 107 semillas de melón que ella había ingerido con sus alimentos en forma rápida, probablemente una hora antes de morir súbitamente, lo que denota una personalidad tipo “A”.

Estas contribuciones ponen en claro que la ateroesclerosis no es por lo tanto una nueva enfermedad de las sociedades posmodernas.