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¿Por qué elegir al Dr. Carlos Benjamín Álvarez?

El doctor Carlos Benjamín Álvarez es uno de los cardiólogos más reconocidos del país. A través de muchos años de profesión ha logrado, de forma apasionada, conjugar el conocimiento científico, la investigación clínica, la prevención, el diagnóstico y tratamiento de enfermedades cardiovasculares, con la mayor efectividad, aunando sus conocimientos académicos con sus condiciones éticas.

Una reflexión acerca de la enfermedad y acto médico por el Doctor Carlos Benjamín Álvarez

El hombre es siempre una unidad de cuerpo y alma, y es en una acepción sublime ‘persona’. Es una naturaleza dotada de inteligencia y voluntad. Loudet señaló hace años que uno ‘es el arquitecto tanto de su propia vida como de su enfermedad’, dándole consecuentemente a esta una forma, altura y profundidad que la hacen individual y distinta a la de los demás.

Cuando un hombre enferma, se altera la estructura del grupo al que pertenece: se distorsionan rutinas y relaciones recíprocas que se fueron organizando a lo largo de la vida, y se pierde la capacidad de proyectar el futuro.

La enfermedad pone en evidencia pasiones, sentimientos y emociones del grupo social entre sí, con el enfermo y viceversa. En medio de este mar encrespado nos encontramos los médicos.

También se plantean dos problemas diferentes entre sí: el científico, referido a la naturaleza y mecanismo de la enfermedad, y el espiritual. Es por esto que toda afección requiere de ambos diagnósticos.

El primero es objetivo y lo que interesa son las molestias del enfermo, que al fin constituyen los elementos de juicio. El segundo, por el contrario, es subjetivo y solo puede plantearlo el paciente por un movimiento íntimo de conciencia.

De más está decir, que la ciencia de nada sirve en el segundo, y que el médico no preparado nada más que en los conocimientos científicos, desnudará su impotencia frente a los problemas espirituales de la enfermedad, siendo nulo su aporte en el auxilio del enfermo.

¿Se podría plantear aquí la falta de una formación humanística? Valerie Radot definió en forma precisa que ser ‘humanista’ es ser apto intelectual y filosóficamente para comprender todas las cualidades esenciales del hombre.

La medicina actual se va a deshumanizando y despersonalizando, pero, por sobre todo, va perdiendo el respeto por la vida y por la muerte.

Uno de los factores lo constituye el uso desproporcionado de la tecnología y la sub especialización. Esto trae aparejado la deformación del acto médico. Sería absurdo negar los incalculables beneficios de la ciencia y la técnica, que se han aportado en los últimos años para mejorar el diagnóstico y tratamiento de diferentes enfermedades, y así alcanzar una mayor sobrevida. Pero esta tecnología se ha hipervalorado y sobrestimado, desnaturalizando la esencia del acto médico.

Aislada y sin control adecuado, lleva progresivamente a la deshumanización, y aleja la medicina del hombre, como ‘fundamento y razón de ser’, acercándola peligrosamente a la llamada cosificación.

La medicina encaminada exclusivamente por la vía científica durante el último siglo fue fructífera, pero la tendencia al cientificismo lo debe hacer temer y obligar, a reconsiderar la necesidad de emplear nuestra técnica en función del hombre.

Esta última consideración está relacionada con la insuficiente formación integral, cultural, moral y por sobre todo humanista, y espiritual de muchas escuelas de medicina que llevan en forma inexorable a que el médico sólo se convierta en un ‘técnico de la salud’.

La medicina es un arte, es una ciencia, la más joven de las ciencias, es una profesión. Es la más intensamente moral de las actividades humanas, porque se fundamenta en una devoción, plasmada desde hace más de 2500 años en el código Hipocrático, juramento que todos los médicos hacemos al culminar la carrera. La medicina es, en esencia una empresa moral fundamentada en un compromiso de confianza y honestidad, dedicada totalmente al servicio de nuestros pacientes y al servicio de la sociedad.

Este compromiso obliga al médico a mantener elevada competencia profesional, para utilizarla en beneficio del paciente. Los médicos, por lo tanto, están intelectual y moralmente obligados a ser agentes del paciente en todo momento y en toda ocasión.